La injerencia extranjera se ha convertido en una de las principales preocupaciones de los gobiernos democráticos en los últimos años. Se trata de cualquier intervención realizada por otro país, organización o grupo externo con el objetivo de influir en los procesos políticos, electorales o institucionales de una nación. Estas acciones pueden ir desde campañas de desinformación y financiamiento ilegal hasta ataques cibernéticos, manipulación mediática o presión diplomática.
En la actualidad, distintos países han comenzado a reforzar sus sistemas electorales tras detectar operaciones extranjeras destinadas a influir en la opinión pública y alterar resultados electorales.
En países como Australia, se implementó una estrategia contra la injerencia extranjera, la cual busca disuadir a los perpetradores y proteger las relaciones exteriores del país. Dentro de esta estrategia se generaron leyes cómo:
Ley de Enmienda de la Legislación de Seguridad Nacional de 2018.
Ley de Espionaje e Injerencia Extranjera.
Grandes potencias como los miembros de la Unión Europea han intensificado sus esfuerzos para contrarrestar la desinformación e injerencia extranjera.
En 2015 se creó el Grupo de Trabajo East StratCom, que tiene como objetivo sensibilizar sobre la información favorable a Rusia; esto resuena más en la actualidad con la reciente e interminable guerra entre Rusia y Ucrania.
Otra de las medidas tomadas por la UE fue la creación de una red de centros de la UE contra la desinformación, la cual abarca a 27 Estados miembros; esta por parte del Observatorio Europeo de los Medios Digitales de Información.
También, en 2022 se creó la Ley de Servicios Digitales, que obliga a los motores de búsqueda y a las plataformas de redes sociales a garantizar transparencia, rendición de cuentas y responsabilidad por sus acciones.
Pese a las medidas cautelares creadas por la UE, Rumanía fue el primer estado miembro en el que se han invalidado elecciones debido a la injerencia extranjera por parte de Rusia y la desinformación a través de redes sociales.
En la primera vuelta del 24 de noviembre de 2024, el candidato ultranacionalista y prorruso Călin Georgescu ganó inesperadamente tras pasar de tener un 5% en las encuestas a obtener más del 23% de los votos. Informes de inteligencia desclasificados demostraron que una red internacional utilizó TikTok y otras plataformas para bombardear a los votantes con desinformación, polarizar a la sociedad y alterar el equilibrio electora.
Casos como el de Rumanía podrían sorprender, pero si damos un vistazo a la historia, podremos ver decenas de países que han sufrido debido a la injerencia extranjera por parte de países con poder que buscaban tomar provecho de los recursos de esos países. Varios de estos casos se presentan en Medio Oriente y África, en donde países como Estados Unidos, Bélgica, Francia e Inglaterra han intervenido de forma violenta en países ricos en recursos naturales.
En México, el debate tomó fuerza luego de que el Congreso aprobara recientemente una reforma constitucional que permitiría anular elecciones cuando existan pruebas de intervención o injerencia extranjera en los procesos electorales. La iniciativa, impulsada por Morena y respaldada por el oficialismo, busca establecer mecanismos para proteger la soberanía nacional frente a posibles influencias externas. A pesar de esto, diversos legisladores de oposición y politólogos señalan que el concepto de “injerencia extranjera” podría prestarse a interpretaciones políticas amplias y utilizarse para judicializar procesos electorales. Y que esta reforma aún deja zonas ambiguas sobre qué tipo de acciones podrían considerarse intervención externa.



