Entre la fiebre futbolera y la falta de empatía por los desaparecidos

Cerrando Círculos

Zujey Ortega

La fiebre futbolera me trajo de regreso a una hoja en blanco y un teclado de computadora, ese deporte que a tantos une, sea el color que sea, la clase social que sea, la profesión que sea, la edad que sea, todos contra el equipo contrario portando con orgullo la camiseta del equipo mexicano, apoyando a los once en la cancha y convirtiendo a medio México en director técnico.

Ustedes me van a perdonar, pero mucho no se de futbol, de jugadores, directores técnicos, cracks, solo se que Pumas es el equipo al que le ido siempre, que se me su porra y que lloro cuando gana y más cuando pierde… ahhh y sí, ahora algo se me ha pegado viendo a mi hijo pegar estampas en un álbum.

La Copa Mundial FIFA 2026 es un evento que todos o casi todos esperaban, no niego ser una critica a la organización, a la actuación de la Federación, a los gobiernos estatales en donde hay sedes futboleras en nuestro país, la CDMX por ejemplo, que sigue rehabilitando calles a cuatro días de iniciada la justa deportiva.

Y ¿sabe qué? Las manifestaciones de los maestros de la Coordinadora no la respaldo, y tampoco necesitan mi apoyo, ¿verdad?, esas que llevaron al cierre de calles en el Centro Histórico de la Ciudad de México, el despliegue policiaco alrededor del ahora Estadio Banorte o en las casetas de las autopistas de llegada al corazón del país.

Tampoco me preocupan mucho los titulares de los palcos del ex estadio Azteca, que si bien luchan por algo que es o era, quien sabe que decida un juez, suyo, no se trata más que de un palco, una butaca y un espacio para ver un partido.

Pero hay una manifestación, un grito, una voz en alto que me duele de manera particular, en los últimos 13 años de los 26 que llevo ejerciendo la carrera de reportera como Yhadira Paredes, para servirle a Dios y a Usted… me he negado una y otra vez a cubrir las marchas, plantones y manifestaciones de madres, padres, hermanos, hijos, tíos, abuelos, esposas y esposos buscadores, porque es algo que me duele particularmente y mi objetividad se ve mermada.

Pero lo he hecho, en aras de la información, de la nota, del profesionalismo y ¿sabe qué?, igual que en este momento en que redacto este intento de columna, la garganta me duele, los ojos se me enrojecen y suspiro lento y un dolor en el pecho aparece como hace años.

Tal vez porque viví de cerca el tema de la desaparición de seres queridos, muy queridos, tal vez porque veo a la distancia personas que aún esperan que ellos vuelvan y les regalen un abrazo, tal vez porque veo hijos que se quedaron niños, bebés y ahora son adolescentes, universitarios y hasta profesionistas, sin que esas personas estuvieran presentes en sus momentos importantes.

Tal vez por todo eso, no puedo entender lo que ocurrió en la Ciudad de México en el marco del partido México-Sudáfrica, en los festejos del 2-0, donde aficionados, jóvenes, adultos, hombres y mujeres mancillaron las mantas de las madres buscadoras, de los familiares de aquellos que llevan años sin sentarse en sus mesas, sin gritar un ¡gooooooooool!.

De que debe estar hecho el ser humano para ser insensible al dolor ajeno, al reclamo de justicia, a una manifestación que nos puede hacer quedar mal como país, pero que en realidad se trata de un lastre que no se ha podido acabar.

Borrachos que en su inconciencia o pendejez (perdón por lo de inconciencia) arrebatan una manta a una madre, una esposa, una hija y la quieren usar para cubrirse el agua y todavía la insultan a ella y a quien tuvo el valor de defenderla.

Un hombre que se cubre del agua y todavía pregunta “es tuya”, son ciegos, sordos y mudos que no saben de que se trata el dolor de esas mujeres que escarban la tierra, investigan, hacen catálogos de desaparecidos, pelean con las autoridades que deberían garantizarles justicia.

Sí el futbol es muy chido, une países, une almas, une personas, pero temas como la desaparición de personas y el dolor que tienen en el alma sus familiares, que ya están muertos en vida, también debería unirnos y sí no nos une, al menos deberíamos ser respetuosos de ellos.

Deberíamos hacer una introspección y preguntarnos en qué estamos mal, porque cómo ser humano puedo jugar con una foto de desaparecidos, como si fuera una lona regalada por un partido político en plena campaña electoral y que terminan cubriendo los tabiques en un patio de casa.

Sensibilidad, creo que se llama… los familiares de desaparecidos suficiente tienen con la indolencia de las autoridades de todos los niveles, como para todavía enfrentarse a la falta de empatía del resto de la sociedad.

Zujey Ortega… (Yhadira Paredes)
Yhaitoparedes2009@hotmail.com