El balance oficial de los terremotos de magnitudes 7.2 y 7.5 que sacudieron Venezuela el pasado 24 de junio se elevó a 920 personas fallecidas y más de 3 mil heridos, mientras que las autoridades y organismos internacionales reportan más de 50 mil personas desaparecidas o cuyo paradero aún no ha podido ser confirmado. La Guaira y Caracas continúan entre las zonas más afectadas por una de las mayores tragedias naturales en la historia reciente del país.
Las labores de búsqueda continúan entre los escombros, donde todavía se reportan personas atrapadas. Equipos de emergencia han logrado rescatar con vida a varias personas en las últimas horas, aunque las esperanzas de encontrar más sobrevivientes se ven comprometidas conforme avanza el tiempo. Las autoridades venezolanas también informaron que se han registrado decenas de réplicas desde el doble sismo inicial, algunas de ellas perceptibles para la población, lo que ha complicado las tareas de rescate y obligado a mantener evacuadas diversas zonas de riesgo.
La magnitud del desastre movilizó rápidamente a la comunidad internacional. De acuerdo con las autoridades venezolanas, 17 países y organismos internacionales han enviado o movilizado al menos 25 equipos de rescate y ayuda humanitaria. Estados Unidos anunció un paquete de asistencia de 150 millones de dólares y el envío de especialistas en búsqueda y rescate, mientras que el Vaticano destinó 100 mil euros para apoyo humanitario a través de la Iglesia católica en Venezuela. Asimismo, la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la Unión Europea y el Grupo Banco Mundial evalúan mecanismos de asistencia para las labores de rescate y la futura reconstrucción. Entre los países que han desplegado personal, recursos o ayuda humanitaria se encuentran Suiza, Países Bajos, Francia, Qatar, República Checa, Alemania, Jordania, Reino Unido, España, Chile, Colombia, Ecuador, Italia, El Salvador y México.
La magnitud de la emergencia ha llevado a Naciones Unidas y a diversas organizaciones humanitarias a advertir que la cifra de víctimas podría seguir aumentando en los próximos días, mientras millones de personas enfrentan problemas de acceso a servicios básicos y miles de familias permanecen sin información sobre el paradero de sus seres queridos. La tragedia se ha convertido en una de las peores catástrofes naturales registradas en Venezuela en más de un siglo y mantiene en marcha uno de los mayores operativos de rescate y ayuda internacional en la región.

