GROENLANDIA, ARANCELES Y PODER: EL ACUERDO COMERCIAL ENTRE ESTADOS UNIDOS Y LA UNIÓN EUROPEA ENTRA EN PAUSA

Un pacto comercial bajo presión geopolítica

Las relaciones comerciales entre Estados Unidos y la Unión Europea atraviesan uno de sus momentos más tensos de los últimos años. Lo que comenzó como un acuerdo para frenar una escalada arancelaria terminó convertido en un conflicto político de mayor calado, con Groenlandia como punto de fricción y el comercio transatlántico como rehén.

Este miércoles, el Parlamento Europeo anunció la suspensión indefinida de la aprobación del acuerdo comercial con Estados Unidos, un pacto negociado desde julio y que aún requería ratificación parlamentaria para entrar en vigor. El anuncio se realizó en Estrasburgo, Francia, casi al mismo tiempo en que el presidente estadounidense, Donald Trump, participaba en el Foro Económico Mundial de Davos, en Suiza.

La decisión no solo responde a diferencias económicas, sino a un conflicto político que ha reavivado los temores de una guerra comercial entre dos de las economías más grandes del mundo.

El acuerdo de julio: qué incluía y por qué importaba

El acuerdo comercial entre Washington y Bruselas fue alcanzado el 27 de julio de 2025 en Turnberry, Escocia, en el campo de golf propiedad de Trump. En ese momento, ambas partes buscaban desactivar una nueva ola de aranceles anunciada por el mandatario estadounidense como parte del llamado “Día de la Liberación”, celebrado en abril.

Trump había amenazado con imponer aranceles del 20-30% a la mayoría de los productos europeos. El pacto logró reducir ese nivel a un promedio del 15%, un alivio significativo para sectores clave de la economía europea. A cambio, la Unión Europea se comprometió a incrementar sus inversiones en Estados Unidos, así como a aumentar las compras de productos agrícolas, energéticos y, en algunos casos, militares estadounidenses.

Aunque el acuerdo suavizó temporalmente las tensiones, nunca llegó a entrar en vigor de forma oficial, ya que dependía de la aprobación del Parlamento Europeo. Esa ratificación es ahora la que ha quedado congelada.

Groenlandia: el detonante del conflicto

La estabilidad del acuerdo comenzó a resquebrajarse cuando Donald Trump retomó públicamente su intención de que Groenlandia pase a formar parte de Estados Unidos, calificándolo como un “imperativo estratégico y económico” para el siglo XXI.

La isla, rica en recursos estratégicos y clave desde el punto de vista geopolítico, forma parte del Reino de Dinamarca desde 1953, país miembro de la Unión Europea.

Trump no solo insistió en la idea de “comprar” Groenlandia, sino que amenazó con imponer aranceles adicionales de hasta el 35% a los países europeos que se opusieran a esa pretensión. Estas declaraciones sacudieron los mercados financieros y encendieron las alarmas en Bruselas.

Aunque desde el Foro Económico Mundial de Davos el presidente estadounidense aseguró que no tiene intención de usar la fuerza para adquirir el territorio, reiteró su exigencia de que Europa se siente a negociar el “precio” de Groenlandia. Para muchos líderes europeos, estas declaraciones constituyen una amenaza directa a la integridad territorial de un Estado miembro.

La reacción europea: bloqueo, advertencias y opciones sobre la mesa

La respuesta no se hizo esperar. Un grupo clave de eurodiputados bloqueó la votación para ratificar el acuerdo comercial, y el presidente de la Comisión de Comercio del Parlamento Europeo, Bernd Lange, fue tajante: “¡El acuerdo UE-EE.UU. queda suspendido indefinidamente!”.

Lange acusó a Estados Unidos de violar el espíritu del acuerdo, al amenazar con nuevos aranceles mientras exigía concesiones políticas. “Hasta que las amenazas terminen, no habrá posibilidad de compromiso”, afirmó en una conferencia de prensa en Estrasburgo.

Durante el fin de semana previo, representantes europeos celebraron reuniones de emergencia, luego de que Trump anunciara aranceles del 10% contra ocho países europeos —entre ellos Francia, Alemania, Dinamarca y Suecia— que enviaron representantes militares a Groenlandia como muestra de solidaridad con Copenhague.

La “bazuca comercial” y el riesgo de represalias

En Bruselas, una palabra domina el debate: la “bazuca comercial”. Se trata del Instrumento Anticoerción de la Unión Europea (IAC), una herramienta legislativa aprobada en 2023 tras las restricciones de China a Lituania, permitiendo a la Comisión Europea tomar contramedidas rápidas sin la necesidad de unanimidad entre los Estados miembros.

Su activación permitiría imponer aranceles de represalia, restringir el acceso de empresas estadounidenses al mercado europeo, bloquear inversiones extranjeras o incluso limitar la exportación/importación de servicios digitales.

El presidente francés, Emmanuel Macron, ha impulsado su uso, mientras otros líderes, como la primera ministra italiana Giorgia Meloni, se muestran más cautelosos temiendo que una escalada comercial con Estados Unidos perjudique la estabilidad global y la OTAN.

Expertos señalan que el caso de Groenlandia cumple con los criterios de coerción económica para activar el instrumento, aunque advierten que su implementación podría llevar tiempo y afectar también a la economía europea.

Lo que está en juego: comercio, elecciones y equilibrio global

El conflicto no es menor. En 2024, el comercio entre Estados Unidos y la Unión Europea alcanzó casi un billón de dólares, según datos oficiales estadounidenses. Una guerra comercial tendría repercusiones profundas para empresas, consumidores y cadenas de suministro en ambos lados del Atlántico, reflejado en una caída del Dow Jones debido a la inestabilidad.

Este jueves, los líderes de la Unión Europea se reunirán en Bruselas para definir una estrategia común y evaluar posibles represalias si Washington prosigue con sus amenazas arancelarias. Las represalias serian contra productos estadounidenses, estimadas aproximadamente en 93.000 millones de euros.

El escenario se complica aún más debido a un caso pendiente en el Tribunal Supremo de Estados Unidos, el cual podría limitar la capacidad de Trump para imponer nuevos aranceles mediante la ley de emergencia (IEEPA), aunque la corte aún no ha emitido un fallo y los jueces no tienen más sesiones programadas hasta febrero de 2026.

Mientras tanto, el acuerdo comercial que prometía estabilidad permanece en suspenso, atrapado entre intereses económicos, presiones electorales y una disputa territorial que ha convertido a Groenlandia en el símbolo de una relación transatlántica cada vez más tensa.