En México, ejercer la docencia se ha convertido en una labor cada vez más compleja. Más allá de impartir clases, miles de maestros enfrentan jornadas extendidas, sobrecarga administrativa, estrés constante y contextos de violencia que han transformado la experiencia de enseñar dentro y fuera de las aulas.
En México, ser maestro ya no implica únicamente impartir clases. La jornada laboral se extiende mucho más allá del horario escolar. Planeaciones, revisión de tareas, elaboración de reportes, atención a padres de familia y actividades administrativas forman parte de un trabajo que muchas veces continúa desde casa. De acuerdo con reportes de organizaciones como Educación con Rumbo (ECR) sobre el sector educativo señalan que miles de docentes trabajan bajo altos niveles de estrés y desgaste emocional, especialmente en instituciones públicas con grupos saturados y recursos limitados.
A esto se suma el contexto de violencia que enfrentan muchos docentes. La Encuesta Nacional de Violencia hacia los Maestros de la organización civil Educación con Rumbo (ECR), revela que cuatro de cada diez profesores han sufrido algún tipo de agresión dentro de su entorno laboral. Las agresiones pueden provenir de alumnos, padres de familia e incluso integrantes de las comunidades donde trabajan. Aunque el Día del Maestro continúa siendo una fecha de reconocimiento simbólico, la crisis educativa también la viven quienes sostienen el sistema educativo. Pese a la violencia y el desgaste, miles de maestros continuan día con día frente al aula.


