El lunes 20 de abril de 2026, un tiroteo en la zona arqueológica de Teotihuacán dejó una turista extranjera muerta y al menos 13 personas heridas, luego de que un hombre armado abriera fuego desde las inmediaciones de la Pirámide de la Luna. El ataque provocó la movilización de cuerpos de seguridad, el cierre temporal del sitio y la evacuación de visitantes, mientras el agresor, identificado como Julio César Jasso Ramírez, se suicidó tras la agresión.
De acuerdo con los primeros reportes, el joven de 27 años habría planeado el ataque con anticipación y actuado en solitario, con indicios de un comportamiento obsesivo y posibles antecedentes de aislamiento. Autoridades también han señalado elementos que lo ubican dentro de un perfil de imitador de ataques previos.
Uno de los elementos que más ha llamado la atención es la carga simbólica del ataque. La fecha elegida, el 20 de abril, coincide con el aniversario de la Masacre de Columbine y con el nacimiento de Adolf Hitler, referencias que han sido retomadas en distintos foros extremistas y en casos de agresores que buscan replicar actos de violencia masiva. A esto se suma la vestimenta del atacante: una camiseta con la frase “Disconnect & Self-Destruct” y los objetos que portaba, entre ellos materiales relacionados con otros tiroteos, lo que refuerza la hipótesis de un perfil tipo “copycat”: agresores que no solo imitan, sino que construyen su ataque como un mensaje cargado de referencias, fechas y símbolos reconocibles dentro de esas narrativas.

Además, reportes preliminares indican que el agresor dejó escritos y mensajes personales con referencias fragmentadas, algunas de ellas descritas como desconectadas de la realidad, lo que ha abierto otra línea de investigación sobre su estado mental y las posibles motivaciones detrás del ataque.
El ataque ocurre en un contexto donde la presencia de armas de fuego y episodios de violencia en espacios públicos han generado alertas en el país. En México, especialistas han advertido sobre un aumento en la circulación de armas y su acceso en entornos donde antes no eran comunes, incluyendo espacios educativos y recreativos. A esto se suma la proliferación en internet de foros y comunidades que retoman y difunden contenidos relacionados con agresores de otros países, especialmente de Estados Unidos, donde casos como la Masacre de Columbine han sido replicados como referencia. En ese escenario, el caso de Teotihuacán se inserta en una dinámica más amplia donde la violencia no solo se ejecuta, sino que también se construye a partir de modelos previos que circulan a nivel global.


