La confrontación ocurrida el pasado 11 de junio entre madres buscadoras y un grupo de aficionados durante los festejos por la victoria de México en el partido inaugural del Mundial 2026 ha tomado un rumbo distinto al que originalmente motivó la indignación pública. Lo que comenzó como una discusión sobre el respeto a las víctimas de desaparición y a las familias que continúan buscándolas terminó convirtiéndose en un debate sobre la identidad religiosa de algunos de los involucrados.
Mientras miles de aficionados se congregaban en las inmediaciones del Ángel de la Independencia, una intensa lluvia provocó que varios asistentes utilizaran lonas y materiales instalados por colectivos de búsqueda para protegerse del agua. Sin embargo, un grupo de tres jóvenes fue el que captó la atención y el enojo de las personas, ya que en videos difundidos en redes sociales, se muestra a los jóvenes, quienes más tarde fueron identificados como Liel Nasib, Aarón Ortiz Jiménez y Abraham Chayo, discutiendo con integrantes del colectivo de madres buscadoras y agrediendo a un periodista, luego de que retiraron una lona perteneciente a ellas, para cubrirse de la lluvia.

Tras la viralización del caso, sus nombres comenzaron a circular ampliamente en redes sociales, donde miles de usuarios condenaron la conducta mostrada durante el incidente. Sin embargo, numerosos usuarios centraron su atención en la presunta pertenencia de algunos de los involucrados a la comunidad judía, así como en sus antecedentes familiares. Diversas publicaciones en redes sociales comenzaron a generalizar conductas individuales hacia toda una comunidad religiosa, mientras otros usuarios cuestionaron que el debate estuviera tomando ese rumbo.
Miembros de la comunidad judía en México se posicionaron ante los comportamientos de los jóvenes, pero advirtieron que su religión o ascendencia no guardan relación con las agresiones registradas aquella noche. El argumento principal fue que la responsabilidad corresponde a las acciones individuales de los involucrados y no a una comunidad completa.
El giro de la conversación surge en un momento de extrema sensibilidad. Desde el inicio del conflicto entre Hamás e Israel en 2023, la continua opresión del gobierno de Benjamín Netanyahu a distintos países en Medio Oriente y la exposición de los ataques en redes sociales han influido mucho en la percepción del judaísmo; sin embargo, es importante entender que no todos son los que piensan de esa forma o defienden esas acciones.
Mientras la discusión se concentraba en apellidos, religión y redes sociales, el motivo original de la protesta comenzó a perder visibilidad. Las madres buscadoras habían acudido al Ángel de la Independencia para recordar a las miles de personas desaparecidas que siguen sin ser localizadas y para aprovechar la atención internacional del Mundial como una plataforma para exigir respuestas de las autoridades.
De acuerdo con el registro nacional, México mantiene una crisis de desapariciones que supera las cien mil personas no localizadas, razón por la cual distintos colectivos han convertido espacios emblemáticos de la Ciudad de México, como el Ángel de la Independencia y Paseo de la Reforma, en sitios permanentes de memoria y protesta.
La controversia terminó evidenciando cómo una causa puede quedar relegada por la velocidad de las redes sociales. La agresión contra una madre buscadora y un periodista provocó indignación legítima; sin embargo, el debate posterior se concentró en la identidad de los involucrados y no en aquello que las familias intentaban visibilizar. Detrás de la lona que originó la discusión no había una bandera política ni religiosa, sino los rostros de personas desaparecidas cuya búsqueda continúa pendiente.
