Por Daviel Reyes González.- “En México hacemos las elecciones desde la desconfianza”, dice Norma Irene de la Cruz Magaña casi para abrir su conferencia, cuando todavía quedaban en el aire los saludos institucionales y las presentaciones protocolarias. La consejera del Instituto Nacional Electoral visitó el OPLE Veracruz para, entre otras cosas, dictar una ponencia sobre el uso de las tecnologías en los procesos electorales; y comenzó reflexionando sobre la mexicanísima cultura de la sospecha.
En otros países, explicó, las elecciones parten de un supuesto de confianza. En México ocurre algo distinto. Cada procedimiento debe demostrar que nadie rasuró del padrón, que las urnas no se embarazaron, que no hubo mapacheo electoral, y que detrás de cada cifra continúa existiendo una persona responsable.
La tecnología electoral se ha ido incorporando dentro de esa cultura. Surgió, en buena medida, como la respuesta inevitable a una historia de fraudes, autoridades desacreditadas y resultados que durante décadas estuvieron subordinados al poder del partido gobernante. Por eso, cuando De la Cruz habla de digitalización, nos pide también hacer memoria. La pregunta relevante, insiste, no es únicamente ¿qué pueden hacer las máquinas? Importa más saber qué tendría que pasar para que una sociedad como la nuestra pueda utilizarlas con certidumbre y confianza.
Esa fue la verdadera materia de la conferencia.

El país que tuvo que reconstruir su padrón
Norma Irene de la Cruz recordó que las generaciones más jóvenes probablemente no saben qué significaba rasurar el padrón. La expresión pertenece a otro México, aquel en el que, los más entrados en años recordarán, algunos ciudadanos llegaban a votar y descubrían que su nombre había desaparecido de la lista. O que el abuelo difunto también había votado, o que se podía sufragar más de una vez. Para quienes nacieron después de la transición del dos mil, la credencial de elector parece un objeto natural, dado por sentado. Se tramita, se recoge y se utiliza. Sin embargo, detrás de esa pieza de plástico hay más de tres décadas de construcción institucional.
De acuerdo con los datos expuestos por De la Cruz, México cuenta con cerca de 103 millones de personas en la lista nominal, equivalentes aproximadamente al 98.2 por ciento de la población mayor de 18 años. Esa cobertura convierte al padrón en uno de los componentes más sólidos del sistema electoral mexicano. El viejo temor al rasurado dejó de ocupar el centro de las elecciones porque fue enfrentado mediante procedimientos, independencia, vigilancia de los partidos y ciudadanía, y, actualmente, con herramientas tecnológicas.
“Una elección debe ser íntegra y parecerlo”
En el lenguaje cotidiano, Parecer suele asociarse con simulación. Para la consejera, significa una elección que puede ser observada, explicada y verificada. Una elección parece íntegra cuando lo es. El problema se torna especialmente delicado en los sistemas digitales. Una boleta puede tocarse. Un acta puede fotografiarse. Una urna puede abrirse frente a representantes partidistas. El algoritmo, en cambio, trabaja en una zona invisible para la mayoría de los ciudadanos.
La solución institucional ha consistido en hacer visibles sus resultados y auditables sus procedimientos.
El Programa de Resultados Electorales Preliminares, conocido como PREP, ejemplifica esa lógica. Los votos se cuentan en las casillas el domingo, mientras que los cómputos oficiales comienzan el miércoles.
Entre ambos momentos existe un espacio peligroso, el vacío informativo.
Ese vacío puede llenarse con rumores, el PREP fue creado para reducirlo. Durante aproximadamente 24 horas luego de la elección, el sistema publica imágenes de las actas y acumula los resultados disponibles. En las primeras horas de la madrugada suele haberse procesado más del 90 por ciento de las casillas; las actas más tardías provienen generalmente de comunidades alejadas, cuyos paquetes deben recorrer distancias mayores. El PREP no declara ganadores, sus resultados son preliminares y carecen de efectos jurídicos.
El PREP no sustituye al conteo oficial pero permite observarlo.
Algo semejante ocurre con los conteos rápidos. En la elección federal de 2024, además de presentar una estimación de la votación presidencial, el INE proyectó esa misma noche la integración del Senado y de la Cámara de Diputados. En la elección judicial de 2025, el instituto transmitió simultáneamente los cómputos de los 300 distritos electorales.

Tecnología para observar al poder
Hay una paradoja en la discusión pública sobre tecnología electoral. Con frecuencia imaginamos a la tecnología como un mecanismo de ocultamiento, códigos inaccesibles, servidores remotos, bases de datos que nadie conoce. Sin embargo, varias de las herramientas descritas por De la Cruz funcionan precisamente para ampliar la posibilidad de observación.
Las actas del PREP pueden consultarse. Los cómputos distritales pueden transmitirse. La credencial puede verificarse. Los perfiles de las candidaturas pueden compararse. Los sistemas de fiscalización concentran registros de gastos, proveedores, espectaculares y medios impresos. La tecnología, bajo estas condiciones, funciona como una extensión del derecho ciudadano a mirar.
De ahí que la consejera insista en que la información, además de accesible, también tiene que ser utilizable. Publicar millones de datos sin ofrecer herramientas para entenderlos puede convertirse en otra forma de opacidad.
Conóceles: los programas tienen que probar que funcionan
Uno de los momentos más esclarecedores de la ponencia llegó cuando De la Cruz Magaña habló de Conóceles, la plataforma en la que las personas candidatas presentan su trayectoria, formación y propuestas. En la elección federal de 2024, solamente 68 por ciento de las candidaturas federales completó su perfil. Para la elección judicial de 2025, la cobertura fue de 99.8 por ciento. El porcentaje faltante correspondió principalmente a candidaturas que renunciaron durante el proceso.
También aumentó radicalmente su uso. Durante toda la campaña federal de 2024, Conóceles recibió aproximadamente 4.5 millones de visitas. En la elección judicial de 2025, la plataforma alcanzó cerca de 25. Y tan solo el día de la jornada electoral se registraron alrededor de cinco millones de usuarios.
Los números cuentan una historia más convincente que cualquier ceremonia de reconocimiento.
¿En México se puede votar por internet?
Sí, actualmente el voto por internet está disponible para mexicanas y mexicanos residentes en el extranjero. No existe todavía una autorización legal para utilizarlo de manera general dentro del territorio nacional. Las personas residentes fuera del país pueden tramitar su credencial en los consulados y elegir entre tres modalidades:
1. Voto postal.
2. Voto electrónico por internet.
3. Voto presencial en determinadas sedes consulares, modalidad que fue piloteada en 2024.
Según Norma Irene, poco más del 60 por ciento de quienes participan desde el extranjero opta por el voto electrónico por internet y alrededor de 30 por ciento continúa eligiendo el voto postal. La persistencia del papel tiene una dimensión práctica pero también simbólica. Hay votantes que desean recibir la boleta, tocarla, marcarla y enviarla. La materialidad funciona como comprobante emocional de que el voto existió.
Durante la elección de 2024, 4 mil 176 veracruzanos residentes en el extranjero utilizaron el voto electrónico por internet.
El sistema, subrayó De la Cruz, fue diseñado dentro del propio Instituto Nacional Electoral. La infraestructura y el desarrollo se realizaron “in house”, dijo, sin depender tecnológicamente de una empresa privada que controle el programa.
¿Por qué confiamos el dinero al teléfono, pero no el voto?
Una operación bancaria deja un registro individual. El usuario puede ver cuánto dinero tenía, cuánto transfirió y a quién. Si aparece un cargo desconocido, puede reclamarlo. El voto exige lo contrario, debe contarse sin que nadie pueda vincularlo posteriormente con la identidad del votante. El sistema tiene que verificar que una persona posee derecho a votar y, al mismo tiempo, impedir que alguien descubra por quién votó.
Harto complicado. La democracia digital necesita combinar dos exigencias que parecen enfrentadas: autenticación y secreto.
Por eso la confianza bancaria no puede trasladarse automáticamente a las elecciones. De la Cruz reconoció que México todavía necesita pruebas de integridad antes de pensar en una adopción generalizada. En un país como el nuestro, una tecnología impuesta sin ser comprendida siempre va a activar la sospecha que pretendía resolver.
“¿Por qué me lo quieren poner en una máquina? ¿Por qué ya no me quieren dar mi boleta? ¿Qué me quieren ocultar?”, resumió la consejera al describir los recelos que acostumbra formular la ciudadanía.

El protocolo del INE para usar inteligencia artificial
La inteligencia artificial ya se utiliza dentro del INE. Un día, cuenta Norma Irene, el personal descubrió que tenía acceso a Copilot dentro de los programas de oficina que utilizaba cotidianamente. La escena describe bien la forma en que la inteligencia artificial ha entrado en la vida de muchos de nosotros; un día despertamos, ya estaba ahí, y comenzamos a utilizarla.
El INE creó un grupo de trabajo y desarrolló lineamientos internos para analizar las propuestas de uso de inteligencia artificial. La consejera sostuvo que el INE es una de las primeras autoridades electorales en contar con un marco institucional de esta naturaleza. Cada proyecto debe justificar su finalidad, costos, sostenibilidad, protección de datos y compatibilidad con los principios electorales. Entre los usos que se exploran se encuentran la automatización de tareas administrativas, el monitoreo de medios, la búsqueda de información mediante el chatbot Inés y el reconocimiento de datos contenidos en las actas electorales.
Para el PREP de 2027 se trabaja en herramientas capaces de leer las actas con mayor rapidez. El objetivo consiste en reducir los tiempos de procesamiento, pero sin eliminar la supervisión humana. La consejera fue muy clara al describir el principio: “la última palabra la tiene un ser humano”.
La tecnología no puede sustituir a la ciudadanía
La conferencia de Norma Irene de la Cruz ofreció un catálogo amplio de sistemas: PREP, conteos rápidos, Conóceles, Certeza, Inés. Sin embargo, su argumento más importante apareció, como suele suceder en estos casos, en la charla final.
La tecnología electoral funciona cuando aumenta la trazabilidad, facilita la verificación, reduce vacíos informativos y permite que la ciudadanía comprenda lo que sucede. Se vuelve peligrosa cuando se utiliza para ocultar decisiones, trasladar responsabilidades o pedir confianza ciega.
Tampoco puede resolver por sí sola el problema de la democracia —cualquiera que este sea—, porque no existe una aplicación capaz de obligar a un candidato a explicar honestamente su patrimonio. Y ningún chatbot puede impedir que un ciudadano comparta una mentira que confirma sus prejuicios. Entonces, ¿puede la tecnología devolvernos la confianza en las elecciones?

